Navidad con Santa Teresa de Jesús

Teresa de Jesús, especialmente afecta a vivir intensamente el gozo de la Navidad, estableció en su primera fundación, el Convento de San José de Ávila, una costumbre navideña que se ha conservado desde entonces en el Carmelo Descalzo y que continúa guardándose en el día de hoy, al igual que otras tradiciones reunidas por las hermanas en pequeños cuadernos para su uso, y que han sido objeto de revisión el 24 de agosto de 1997, en aplicación de las directrices de fidelidad a su espíritu primitivo marcadas por el Concilio Vaticano II. Así lo detallaban las carmelitas descalzas de San José de Ávila hace algunos años, en la obra que publicaron con motivo del cambio de milenio, bajo el título “Teresa de Jesús vive hoy”.

Cada 24 de diciembre, Nochebuena, las carmelitas celebran la conocida como “procesión de las posadas o de los peregrinos”, instituida por la Santa abulense como recordatorio del viaje de María y José a la ciudad de Belén, en el que buscaron infructuosamente posada donde pernoctar y alumbrar al Niño Jesús. En la procesión, que recorre todo el convento, la Madre Priora porta una imagen de la Virgen de la Expectación y la Madre Supriora otra de San José. En la primera fundación, la Virgen se muestra en un cuadrito de cobre policromado que se conserva en el antecoro, y representa a una joven con las manos cruzadas sobre el regazo, mientras que San José viste en color morado con un sombrero negro.

La procesión, acompañada por música de instrumentos populares como panderetas o cascabeles, va deteniéndose en cada una de las celdas de la comunidad, para que las carmelitas puedan recibir la llegada de las dos imágenes con devoción. Asimismo, el convento se decora con motivos navideños como belenes, velas, ramas y telas.

Las hermanas también cantan villancicos, que se alternan con lecturas de textos relacionados con el nacimiento de Cristo, recogiendo el espíritu de alegría navideña marcado en su tiempo por Teresa de Jesús. La Santa Madre era muy aficionada a versos y coplas, y se conservan varios villancicos atribuídos a su autoría, como “Pastores que veláis”, “Nace el Redentor”, “Navidad”, y hasta siete de tema navideño recopilados en sus “Obras completas” en la edición de Efrén de la Madre de Dios y Otger Steggink, cuyos manuscritos se conservan en los carmelos descalzos de Florencia y de Génova (Italia). En ellos, frecuentemente se utilizan melodías populares “transformadas a lo divino”, es decir, adaptando las letras a la solemnidad religiosa que se celebra, pero conservando el aroma tradicional de producciones culturales del pueblo llano, concebidas con carácter comunitario. Los estribillos suelen contar con cuatro versos de rima consonante, y en su mayoría se estructuran como si fueran un diálogo entre personajes que responden a nombres cotidianos de la Castilla de la época: Gil, Dominguillo, Llorente, Bras o Menga, tradicionales en la poesía pastoril. En las letras, por otra parte, el anuncio del nacimiento del Señor se une al de su pasión y muerte.

En una de las cartas que se conservan de Teresa de Jesús a su hermano Lorenzo de Cepeda, la de 2 de enero de 1577, la Santa envía desde Toledo a su hermano, a la sazón en Ávila, algunos villancicos de composición propia, y explica el motivo para elaborarlos: “me mandó el confesor las regocijase (a las hermanas), y he estado estas noches con ellas, y no supe cómo, sino así. Tienen graciosa tonada”.

Sonsoles Sánchez Reyes, Tnte de Alcalde de Cultura. Ayuntamiento de Ávila