“Llamados a la santidad”. Carta del Obispo de Ávila en el Día de Todos los Santos

El pasado 15 de octubre, fiesta de santa Teresa de Jesús, comenzamos a caminar con determinación por este año jubilar periódico que el Santo Padre nos ha concedido con el fin de afianzar nuestros pasos en la vida cristiana, es decir, hacia la santidad de vida. Nosotros y todos los peregrinos que nos visiten podemos atravesar la puerta santa del año santo teresiano, por la que podemos lucrar la indulgencia plenaria y así entrar en comunión más perfecta con todos los santos, aquellos hombres y mujeres que han conformado su vida con la imagen de Cristo. Entre estos santos se encuentra Teresa de Jesús y los demás santos abulenses.

¿Qué es para Teresa de Jesús la santidad? Resumiendo mucho, pero sin miedo a equivocarnos, la santidad para Teresa es el mismo Cristo, ser como Él, estar con Él, vivir de Él y para Él: Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero, que muero porque no muero. Para mí la vida es Cristo, podría decir Teresa y todos los santos, con palabras  de san Pablo. Desde esta experiencia la Santa exclama: Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?   Y nos enseña que, al tratar con Jesús en la oración, debemos sentir su amor, estar allí con Él, ver que te mira, acompañarle, hablarle, pedirle. Jesús desea tu amistad. Debes tratar con Él como con un amigo. Y siempre que le traemos a la mente y al corazón, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes, y cuán grande nos le mostró… porque si una vez nos hace el Señor merced que se nos imprima en el corazón este amor. Poned vuestra vida en sus manos -nos invita Teresa-, abrid el corazón a lo que Él, tan amigo de dar, quiere regalaros. De tanto mirarle os quedará impresa en los adentros su grandísima hermosura y su libertad.

El que por la gracia se ha revestido de Cristo trata por todos los medios de que su vida se conforme con su imagen, en pensamientos, palabras, obras, y vive en una incesante tendencia a la santidad, recordando las renuncias y promesas del Bautismo que cada año renovamos solemnemente en la Vigilia Pascual. San Pablo nos recuerda que hemos sido elegidos en Cristo para ser santos e inmaculados».

La vocación a la santidad es idéntica para todos los cristianos: morir al pecado, vivir para Dios por medio de Jesucristo, en el Espíritu Santo, haciendo en todo, su voluntad. Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre. La santidad es necesaria en medio del mundo. Donde predomina la cultura del ateísmo práctico es necesario que nosotros seamos santos: La santidad no significa hacer cosas extraordinarias, sino seguir cada día la voluntad de Dios. Sí, hacen falta fieles laicos fascinados por el ideal de la santidad para edificar una sociedad digna del hombre, una civilización del amor (Benedicto XVI, 8/5/2011).

Queridos diocesanos, la santidad es un don, es el don que nos da el Señor Jesús, cuando nos toma para sí y nos reviste de sí mismo. Verdaderamente la santidad es el rostro más bello de la Iglesia: es un redescubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y de su amor (Francisco, 19/11/2014). Pues bien, este año jubilar es una hermosa oportunidad para crecer en amistad con Cristo, para adentrarnos en nuestro castillo interior, morada tras morada, y redescubrir la belleza y la gracia de nuestra relación con el Señor. ¡No la desaprovechemos! Santa Teresa nos guiará, por eso te propongo que te acerques a su figura, por medio de la lectura de su vida y de sus escritos; también, que te animes a crecer en la vida de oración y en la caridad, la Santa intercede por cada uno de nosotros.

Mucho ánimo para caminar y crecer con determinación en santidad.

+ Jesús, Obispo de Ávila