La imagen de la Santa peregrina a La Encarnación para la fiesta de la toma de hábito

En este Año Jubilar Teresiano cobran aún mayor relevancia todas las celebraciones habituales que tengan que ver con la vida de Santa Teresa en esta tierra de Ávila que la vio nacer. Tal es el caso de la Fiesta de la Toma de Hábito de Teresa, que conmemora la entrada de Teresa de Cepeda y Ahumada en el Convento de la Encarnación como hermana carmelita el 2 de noviembre de 1536. Allí pasará gran parte de su vida, y de allí empiezan a surgir su espíritu para llevar a cabo una reforma de la orden del Carmelo.

Las celebraciones de este 2017 son muy especiales. De esta manera, el miércoles 1 de noviembre, tras la Misa de la mañana en el Convento de La Santa, tendrá lugar un hecho histórico: se procederá al traslado en procesión de la imagen de Santa Teresa (de Gregorio Fernández) desde la que fuera su casa natal hasta el Monasterio de la Encarnación. Este solemne traslado en peregrinación de la imagen de la Santa sólo se realiza en ocasiones muy puntuales y excepcionales. La última vez que tuvo lugar fue en el marco de las celebraciones del V Centenario del nacimiento.

En La Encarnación será recibida por la imagen de la Virgen de la Clemencia, que saldrá también excepcionalmente de la clausura carmelita para acoger a Santa Teresa.

Allí, en este Convento que abrió sus puertas precisamente el día en que Santa Teresa recibía las aguas bautismales en la iglesia de San Juan (4 de abril de 1515), se celebrará el viernes 3 de noviembre la Misa Solemne que conmemorará la toma de hábito de la Santa. Será a partir de las 18 horas, y estará presidida por el P. David Jiménez, Prior del Convento de la Santa.

 

HISTORIA DE LA FIESTA

Como cuenta quien fuera capellán de La Encarnación, Nicolás González, esta fiesta de la Toma de Hábito de Santa Teresa se remonta a los años posteriores a su canonización, entre 1622 y 1630: “Introdujeron la fiesta de su santo hábito, que fue el día 2 de noviembre, y por la conmemoración de los difuntos se celebra el 3. Fue una manera de presencializar en la casa los momentos culminantes de la vida de la Madre Teresa”.

Se cuida al máximo cada detalle. Para ello, la comunidad de monjas contemplativas de La Encarnación reproduce fidedignamente este acontecimiento, con las mismas ceremonias con que se hicieran el 2 de noviembre de 1536: la misma procesión, las mismas rúbricas, Misa, sermón, hasta los mismos padrinos. Todo exactamente igual, menos la novicia, que es solo una imagen de madera. “Como si acabara de venir a casa se la recibe”, escribía María Pinel a finales del siglo XVII.

Esta fiesta del hábito debió comenzar entre 1622 y 1630. Gracias a una relación fidedigna de la época se puede reconstruir esta ceremonia:

“La noche de las Ánimas, con cruz y ciriales, todas las religiosas con capas blancas y velas encendidas llevan una imagen de la Santa entre las dos preladas, cantando lo mismo que cuando se recibe a una religiosa; y se lleva en procesión hasta ponerla en el altar entre sus dos padrinos, mi Señora de la Clemencia y mi Padre San José. Luego entona la prelada el Te Deum laudamus en hacimiento de gracias, y, acabado, se canta la antífona de Veni Sponsa Christi con oración de la Santa. Antes de empezar, propone la prelada la propina que se ha de pedir conforme ocurren las necesidades de la Iglesia y del Reino, y las que han encomendado los bienhechores. Y cada religiosa guarda sus peticiones para aquel día. Y, en tanto se canta el Te Deum Laudamus, sube cada una por su antigüedad a abrazarla y pedirla su propina, y después de acabado el canto, se están tocando los instrumentos hasta que acaba la última de llegar. La ternura, el consuelo, las lágrimas de aquel acto no es fácil referirlo, porque llueve Dios consuelos en aquella hora y el corazón más frío se abrasa; los parabienes, los abrazos que las religiosas unas a otras se dan, celebrando su dicha, son innumerables. Hánse visto prodigios de la petición de aquel día, que, habiendo experimentado algunos el reverendísimo padre Fray Esteban de San José general dos veces, solía decir: ‘Esta es la fe que muda los montes’”